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Historias

La Iglesia Quemada de Atahona guarda historias de apariciones

El sur de Tucumán guarda leyendas urbanas que erizan la piel. Las apariciones en una antigua iglesia incendiada en Simoca.

Captura web.

El interior de Tucumán está rodeado de sitios con historias que dejan con los pelos de punta a más de una persona. Algunos de ellos son conocidos en toda la provincia y hasta forman parte de nuestros mitos urbanos.

A unos 10 kilómetros al sur de la ciudad de Simoca, se encuentran las ruinas de lo que supo ser una iglesia conocida por los lugareños como la Iglesia Quemada. Pocos metros separan estas ruinas de la ruta nacional 157, en la localidad de Atahona.

Estas ruinas son los restos del convento que poseía la Orden Franciscana, instalada en la zona en 1684. La historia del lugar se remonta al siglo XVII, cuando estas tierras pasaron a manos de los jesuitas. En ese contexto, a fines del siglo XIX, la familia Figueroa hizo construir el templo y convento dedicado a San Antonio de Padua.

El objetivo era que el conjunto fuera utilizado como lugar de descanso de sacerdotes y novicios hasta el momento en que la orden construyera otra casa en Tafí del Valle. El edificio fue quedando abandonado con el tiempo hasta que en 1950 pasó a manos de Manuel Curia y terminó de destruirse por un incendio.

Dos versiones circulan en cuanto al origen del incendio: algunos dicen que fue un rayo que cayó sobre el templo. Otros, que fue una vela dejada por devotos de San Antonio. Lo que sí es seguro, afirman los pobladores de la zona, es la presencia de una mujer en los restos de lo que alguna vez fue el campanario. "Es flaca, tiene los ojos oscuros y su cabello es largo y despeinado. Siempre viste un camisón blanco”, aseveran testigos de su presencia.

Los habitantes de Atahona afirman que la espectral figura continúa manifestándose en la ruta, sobre todo en una zona donde el camino toma forma de una "S", caminando en la banquina a la espera de camioneros o automovilistas solitarios que pasan por la zona.