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Efeméride

Siete años de una ley que debe ser celebrada

Argentina, uno de los países con la sociedad más conservadora del continente, celebra siete años del “matrimonio igualitario”.

Fotografía: Agustina Font.

Hace siete años, otro 15 de julio, con un panorama social y político completamente distinto, flameaba en el Congreso Nacional la bandera multicolor. La Ley del Matrimonio Igualitario había sido sancionada; con ella, Argentina se convertía en el primer país latinoamericano en legalizarlo.

Más de 16 mil parejas pudieron atravesar la unión civil desde que la Ley entró en vigencia. Pero, a pesar de los enormes avances en materia derechos de países latinos, todo lo relativo al colectivo LGBTTTI continúa siendo una realidad sesgada por el odio intermitente e injustificado.

Fotografía: Negra Grego.

Cuando se habla de derechos, pareciera que el colectivo está constituido por individuos que carecen del rango de humano. De hecho, muchos de los que pregonan en contra del avance, así lo creen.

La monotonía es un mal efímero, sólo en las diferencias nos encontramos parecidos

Hoy, sin dudas, es un día de festejos. Un día para demostrarle a los reyes de lo “natural” quiénes están del bando equivocado. Lamentablemente, Argentina sigue manteniendo bajo el poncho del “folklore” miles de conductas discriminatorias y justificando bajo el pañuelo de lo “normal”, las más desagradables formas de odio.

Entonces, citando a Susy Shock, ¡que otros sean lo normal! “Sos una tortitellera”, “no seas tan marica”, “eso es de gay” son algunas de las más livianas expresiones que se escuchan a diario. Imaginá ser un niño que no encaja dentro de los parámetros de lo convencional o lo socialmente naturalizado y estar constantemente bombardeado por estos comentarios, ¿cuántas veces no irías al colegio por incomodidad o miedo?, ¿cómo harías para contar tus pesares a las autoridades si ellos también utilizan tales tratos?

Fotografía: Negra Grego.

Lo más importante es: ¿por qué se siguen usando las identidades sexuales, de sexo y género como un insulto? La ocurrencia heterosexual encontró su fin. Ante la afortunada salida a la luz de quienes son considerados lo otro, al heteronormado no le queda otra que refugiarse en su propio miedo.

Todo lo que los homofóbicos afirman como “natural” son puros inventos del hombre. Es tiempo de dejar de mirar para otro lado y enterarse de que existen otras verdades más que las heteronormativas. Basta de creer que la sociedad está bien y que estamos todos incluidos. Basta de engañarse: la indiferencia mata literalmente y con los derechos ya adquiridos no es suficiente.

Las leyes claro que ayudan pero lo necesario es un cambio cultural. Por más que no le guste a Don Poroto, nos vamos a seguir casando, vamos a seguir haciendo uso de nuestros derechos civiles y humanos.

A esas cabecitas chicas les cuesta entender que lo que ellos parieron como “normal” no es siempre válido y que las disidencias sexuales existen desde siempre. Que no, no es una enfermedad pero las fobias sí.

Que en ningún lugar está escrito (más que en un libro antiquísimo escrito por hombres) que la mujer y el hombre deban amarse.

El colectivo sigue andando sin vergüenza y, volviendo al libro, a la gran mayoría no nos interpela ni una palabra escrita en su interior y no estamos obligados a que pase lo contrario.

A siete años de la legalización del matrimonio para las sexualidades disidentes, festejamos que ellos cada vez son menos y que las calles, tarde o temprano, serán de todos. Y si el fóbico tiene que guardarse dentro de un closet, que así sea.

Vicki Ledezma