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Día del padre

“Mi papá es mi héroe, mi máximo ejemplo”

En el día del padre, el bailarín tucumano, Joel Ríos, quien hoy estudia en el Teatro Colón, cuenta qué influencia tuvo su padre, el artista plástico Iván Ríos, en impulsar su camino en la danza.

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En toda Argentina, y en algunos países del mundo, se celebra hoy el día del padre. Algunos creen que se trata de un evento comercial más, otros, aprovechan para frenar un poco la carrera diaria y abrazar a los hombres de su vida. Especialmente para los que están lejos de sus padres, de su primer hogar, es un domingo de añoranzas y saludos sentidos. Tal es el caso del bailarín tucumano Joel Ríos, que actualmente se encuentra en Buenos Aires, luego de ser seleccionado para participar en el Curso de Varones del Teatro Colón.

Joel atribuye su prometedor camino en la danza al constante apoyo de su papá, Iván Ríos, un reconocido artista plástico tucumano, crecido en el mítico barrio de Villa Luján y que dibuja desde que se puso de pie. El plástico, a base de esfuerzo, dedicación y creatividad, logró demostrar a los suyos que se puede vivir del arte. De esta manera, las zapatillas de punta se sumaron a los pinceles en esta historia nacida en una cuna de artistas.

“Soy testigo del crecimiento como artista que tuvo mi papá. Lo vi salir de situaciones muy difíciles y, aún así, nunca nos faltó nada porque mi viejo siempre trabajó y siguió a su corazón que lo guió a dedicarse al arte”, expresa el bailarín de 21 años. “Con todo lo que fue logrando, mi papá se convirtió en mi máximo ejemplo y, gracias a él, sé que todo se puede. Él es la máxima razón por la que quiero lograr cosas en mi carrera y retribuir todo lo que hizo por mí”, continúa.

Las pinceladas que dibujaron el camino hacia la danza

Los primeros pasos en la carrera de Joel fueron impulsadas por su padre, quien descubrió sus aptitudes desde que era niño. “Siempre fui de hacer monerías. Era actor y descarado pero nunca me imagine que me dedicaría a la danza”, detalla. En plena adolescencia, el dibujante llevó a su hijo a sus primeras clases de ballet, pero Joel transitaba una edad complicada, en donde sus aspiraciones no eran claras, motivo por el cual, abandonó.

“A los 14 recién me estaba descubriendo, mi carácter no estaba forjado y me importaba demasiado lo que digan los demás. Las burlas y críticas acerca de que tomaba clases de ballet me afectaba mucho y me cansaba que me digan marica. Por eso dejé”, recuerda Joel. Sin embargo, su padre siempre insistió en que ése era su camino y debía volver, idea reforzada por su maestra, quien mencionaba constantemente su gran talento.

Más tarde, y ya sin los prejuicios o miedos que generaban las opiniones de terceros, el bailarín intentó nuevamente volver a clases; esta vez, fue a danzas contemporáneas. “Encontré más libertad en esas clases, pero no me lograba enganchar completamente y por ahí faltaba. Mi papá se frustraba porque él estaba convencido de mi talento”, asevera. “Él siempre supo lo que yo tenía que hacer, pero no lo escuchaba. Ahora, más grande, me voy dando cuenta de que tenía razón. Él me decía: ‘Yo te conozco, sos mi hijo y sé lo que es bueno para vos’. Pero a los adolescentes no les gusta aceptar lo que dicen los padres”, comenta entre risas.

Transitando las idas y vueltas en el baile, llegó el momento en que había que decidir qué carrera seguir. “Yo estaba perdido, tenía varias puntas para elegir pero no sabía qué hacer. Papá me comentó sobre la carrera de danzas contemporanea en la Facultad de Artes, yo no sabía ni siquiera que existía. Acepté esa opción, me inscribí y comencé a cursar”, explica. Allí, Joel conoció a su primer maestro, Rodolfo Rodríguez, quien lo tomó como su pupilo y lo preparó.

La primera presentación sobre el escenario fue definitorio para el destino del bailarín. “Cuando bailé ballet por primera vez me di cuenta de que no me quería bajar más de las tablas, experimenté una paz y una emoción tan fuertes que sentí que era mi hogar, mi lugar”, expone. “Hoy, me doy cuenta de que mi papá fue quien guio mi camino y me preparó durante mi vida para lo que estoy viviendo”, concluye el tucumano.

El gran regalo que Joel sueña para su papá es montar una obra con su nombre cuando sea director o coreógrafo. Mientras tanto, y para concluir con esta sorpresa para Iván Ríos por el día del padre, el bailarín deja unas palabras en primera persona para el hombre más importante de su vida, “su único héroe en este lío”.

“Felíz día papá, sabes que te amo y te voy a amar siempre. Estoy profundamente agradecido por todo lo que me diste y por guiarme en este camino. Hoy estoy lejos, experimentando mi vida solo, pero me siento preparado gracias a vos, para valerme por mí mismo y no flaquear. Sos mi héroe y mi mayor ejemplo”.

Joel

Esta es la historia y gratitud de un hijo hacia su papá, en un domingo en el que se honra la labor de todos los padres. Un saludo extensivo a todos ellos en su día.


Negra Grego