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Salud

¿Qué sucede cuando decidimos parir en casa?

La práctica del Parto Humanizado rige en Argentina por ley 25.929.La ley contempla los derechos de madres, padres, hijas e hijos durante el proceso de nacimiento.

Foto: Ana Paula Batista

Episiotomías mal hechas, exceso de medicalización y cesáreas innecesarias son algunas agresiones que sufren muchas mujeres al momento de dar a luz. Por eso, luego de vivir en mayo la Semana Mundial del Parto Humanizado en Tucumán, surgió la necesidad de dar lugar a una voz experta en proteger los derechos de las mujeres en el momento de dar a luz.

La práctica del Parto Humanizado rige en Argentina por ley 25.929, sancionada en 2004 y reglamentada el 1 de octubre de 2015. La ley contempla los derechos de madres, padres, hijas e hijos durante el proceso de nacimiento. Además, se planta firme sobre los derechos a vivir el trabajo de preparto, parto y posparto con libertad de decisión, consciencia y respeto, siempre y cuando sea en una institución.

Entonces, ¿qué sucede cuando se decide parir en casa?

Uno de los puntos fundamentales en la legislación sobre el tema es el que toca la obligación de brindar información “sobre las distintas intervenciones médicas que pudieren tener lugar, de manera que pueda optar libremente cuando existieren diferentes alternativas”. Si la ley se está cumpliendo, ¿se podría inferir que la tasa preocupantemente elevada de cesáreas practicadas en instituciones privadas es solo un reflejo de la libre elección de las mujeres o es que la realidad de las gestantes dista de la multiplicidad de alternativas que describe la ley?

De esto y otros temas habla Mónica Barrera de 38 años, licenciada en Obstetricia, partera, profesora de Expresión Corporal y sobre todo militante por el parto humanizado.

En la foto: Monica Barreda


¿Dónde te formaste? ¿Siempre quisiste ejercer una profesión relacionada al área de salud?

Cuando salí del secundario, comencé a estudiar profesorado de Inglés en Filosofía y Letras. No sé en qué estaba pensando, todas las clases se dictaban puramente en inglés y yo no entendía un pomo. Entonces dio la casualidad o destino, no sé pero lo agradezco un montón, de que me enteré que el Instituto San Judas Tadeo incorporaba la carrera de Técnica en Obstetricia. Allí me formé, durante tres años y fui parte de la primera promoción. Después estudié la Licenciatura.

¿Cuándo fue la primera vez que te topaste con la violencia obstétrica?

La primera vez fue realizando una práctica, yo aún estaba en etapa de formación. Me acuerdo patente, estaba presenciando un parto, había una mujer acostada (para beneficio postural del médico) ella con las piernas abiertas, absolutamente expuesta, vulnerable, y quien me estaba enseñando dijo: “Dominala. No dejés que ella te domine a vos, vos la tenés que dominar”. Desde ese momento pensé: “¿Cómo es que esto a nadie le hace ruido? ¿Cómo es que no se dan cuenta cuán violento es el ámbito a donde las mujeres vienen a dar a luz”.

Foto: Maniobra Kristeller. Consta de ejercer presión sobre el vientre en dirección al canal vaginal. No sería necesario si la mujer estuviera en posición vertical.


Las respuestas me llevaron de inmediato a pensar en el tipo de formación que tienen nuestros agentes de salud. ¿Por qué creés que, a pesar de formarse en lo que se entiende como una ciencia social, al personal de salud en general le cuesta ejercer un rol asistencial?

Lo que pasa es que se trata de una tradición. A la medicina hegemónica le molesta mucho una mujer que entra a un servicio empoderada, conociendo sus derechos y haciendo valer la autonomía de su cuerpo. Apenas lo notan, la miran mal, la tratan mal. Están acostumbrados a ser quienes tienen el saber y por ello tener el poder de decisión sobre las pacientes que los “padecen”. En mi profesión, nos preparan sólo para ejercer dentro de un ámbito institucional. Yo hace un tiempo vengo acompañando a mujeres que deciden parir en casa. Es una experiencia absolutamente diferente, ahí la protagonista es la mujer y a quienes la acompañan sólo les queda la labor de asistir, respetar sus tiempo y más que nada disfrutar de lo maravilloso de ese acontecimiento.

"En las instituciones las mujeres van a parir en cautiverio"

Monica Barrera

La mujer protagonista es una idea fascinante porque históricamente hemos sido despojadas de los saberes que interpelan al propio cuerpo. ¿Cómo podremos encaminarnos a ser protagonistas?

Primero que nada siendo responsables. Yo no me atrevería a hablar de culpas, pero es necesario tomar consciencia de que con el tiempo hemos ido cediendo, por ignorancia claro, pero también por comodidad. Hoy ponés en cualquier buscador “parto respetado” o “violencia obstétrica” y hay un montón de información. Para mí, a esta altura nos hemos apropiado de ese lugar pasivo que permite tantas violencias porque nos han educado bajo ciertos discursos. En charlas que doy a mujeres, algunas me dicen: “Pero a mí no me trataron mal. Me decían gordita con cariño”. Esas palabras, “gordita”, “mamita”, “chiquita”, infantilizan a la mujer. Estoy convencida de que cambiando el lenguaje con que nos referimos a las gestantes vamos a lograr cambiar. Es que, si no, no se explica cómo una mujer entra en trabajo de parto, agarra su bolso y se presenta en una institución a “parir en cautiverio” como digo yo. Cuando es un proceso de lo más natural para nuestro cuerpo.

Cuando hablás de volver a lo natural viajo en el tiempo y pienso en mis abuelas, en las comadronas de campo, en las brujas de la Edad Media que fueron perseguidas por conocer los beneficios de trabajar con hierbas y tener de aliada a la naturaleza: en todas esas admirables, ¿podrías mencionarme algunas mujeres a las que admires?

Bueno, hace un tiempo tuvimos la oportunidad de traer a Raquel Shallman, una partera de Buenos Aires que me enseñó a tenerle muchísimo respeto a la palabra partera. Ella me dejó una frase: “Las parteras estamos en extinción”, y ¡es cierto! No porque nos persigan como a las brujas (risas) pero sí porque a las técnicas y licenciadas en obstetricia sólo nos enseñan a movernos dentro de un quirófano. Aquí en Tucumán, está Soledad Chemez, a quien admiro muchísimo. Ella es doula, una de las mejores en la provincia con quien tuve el gusto de trabajar. Otra mujer que me guió mucho durante mi formación fue Laura Gudman, autora de La maternidad y el encuentro con la propia sombra y Puerperio.

En la actualidad, la doula aparece como un modo de recuperar esta figura femenina que ha atravesado sus propios partos y se pone al servicio de otra mujer que va a parir e intenta, con su aporte amoroso, "proteger" la memoria de la mujer sobre la experiencia de su parto. ¿Como es la relación entre doulas y las profesionales obstétricas?

Muchas les tienen recelo, pero para mí el lugar de cada una está bien claro y delimitado cuando vamos a asistir un parto. Una doula no va a hacer un tacto por ejemplo. No hay que tener miedo a este “volver a casa”. No estamos en contra del avance tecnológico ni de los médicos, pero es necesario problematizar el número de prácticas intervencionistas en los cuerpos de las mujeres. En Tucuman, las clínicas privadas tienen casi en su totalidad cesáreas programadas. En los hospitales dependiendo de la guardia varían entre 30, 50 y hasta un 70%, cuando la Organización Mundial de la Salud estima que ese número no puede pasar de un 15%.

Este “volver a casa” se trata en los medios de comunicación a partir de mujeres famosas que deciden parir en casa. ¿Cómo ves ese tratamiento?

Por un lado, me alegra mucho que se visibilice el tema, por el otro, me preocupa que se piense que sólo las mujeres con un alto poder adquisitivo pueden darse esos “lujos”. No es ningún lujo. El Estado debería contemplar esta práctica. Yo soy una agente de salud del Estado ni yo ni las mujeres a las que asisto estamos cubiertas por el Estado.

¿Cuál es el parto en casa que más recordás?

Tuve la oportunidad de asistir a un parto de mellizos. Un embarazo que es para cirugía programada seguro. Pero esta mujer estaba decidida a tener a sus hijos en casa. Casi nadie sabía, todo era como un secreto. Fue increíble. En los partos en casa no se habla de dolor, sino de intensidades. El cuerpo de la mujer está preparado para liberar oxitocina y contrarrestar el dolor. En las instituciones se introduce ésta hormona de manera artificial porque el estrés que sufren las mujeres les impide fabricarla. El primero fue varón y quedó en un costadito mirando a su mamá, sin llorar, parecía que la estaba esperando. Al momento de la llegada del segundo bebé, ella dijo “dale gorda, las dos podemos”. Hasta el momento, la madre no había querido enterarse del sexo de los bebés y, sin embargo, lo supo porque era inquebrantable la conexión con su propio cuerpo.

Foto: Ludy Siqueira


¿Y tu propia experiencia cómo fue?

Tuve cuatro partos, tres fueron institucionales con un médico muy amigo que me respetó mucho. En el último, tenía 32 años y estaba lo suficientemente empoderada como para decidir tenerla en casa. El trabajo de parto comenzó a las 10 de la mañana y Martina nació a las 4 de la mañana del día siguiente. Me acompañaron mi marido y mis tres hijos. Fue íntimo y hermoso. No me arrepiento. Al momento de ir a inscribirla en el registro civil me dijeron que no podía ser yo quien había parido y asistido como partera, así había firmado el papel. Sin embargo, insistí porque necesitaba que esa experiencia conste como estadística. Los partos en casa son invisibilizados porque se miente en las actas, ya que el proceso se vuelve engorroso. Ninguna mujer quiere pasar por burocracias después de parir. Con las estadísticas de violencia obstétrica pasa lo mismo. Yo necesitaba que se haga visible, me acuerdo que La Gaceta fue a cubrir y titularon “Decidió dar a luz dentro de una pileta de lona en su casa” (risas), incluso subí el video a YouTube.

Y ahora, ¿qué desafíos te esperan?

Formo parte de un grupo de licenciadas y técnicas en Obstetricia con el que logramos impulsar un proyecto de ley que contempla la creación de un Colegio de licenciatura en Obtetricia. En un año, conseguimos que la ley fuera tratada en la Legislatura. Buscábamos contener a ambos profesionales, tanto técnicos como licenciados, dentro de un marco legal en la provincia. Además, contemplábamos una distinción de las incumbencias para las cuales somos idóneos. Se trataba de una reivindicación de nuestra profesión.

Foto: 18 de Mayo de 2017, día de la sanción de la ley que regula el ejercicio de la profesión de Licenciado en Obstetricia.


Lamentablemente, en el proceso, el proyecto de ley fue modificado por una comisión de salud a la cual no fuimos invitadas. Allí excluyeron a los técnicos. Sólo dejaron la creación y el presupuesto para el Colegio. Entonces, el desafío ahora se plantea desde ahí. Estoy postulada para vicepresidenta del Colegio y vamos a luchar con mis compañeros para que la ley nos contenga a todos.