El tiempo - Tutiempo.net
Portada Actualidad Política TucZone Deportes Vida&Ocio Diálogo A.
Inseguridad

Un tucumano cansado de la inseguridad empapeló la ciudad

Luego de haber vivido un intento de robo, un ciudadano pegó afiches por el microcentro contando su historia.

La mañana del jueves sorprendió a quienes pasaban por el microcentro tucumano yendo a trabajar o a estudiar, porque en algunos edificios resaltaba el amarillo de unos afiches escritos a mano alzada. La leyenda de los mismos constaba de un relato ya conocido por muchos. Otro caso de inseguridad.


El día miércoles 17 a Martín Belmonte, un joven licenciado en Administración de Empresas, intentaron asaltarlo a mano armada en Juramento y Luis F. Nougues a las 20:45h. Pero Martín, lejos de la parálisis provocada por el miedo, decidió tomar cartas en el asunto y en la mañana del jueves empapeló la ciudad contando lo que le sucedió. En los volantes se puede leer el hartazgo del joven, ya que, según indica, seres queridos como su novia, madre y amigas sufrieron asaltos en el pasado.

carteles1.jpg


En diálogo con él, Martín comentó que mientras intentaba colocar los carteles por calle 25 de Mayo, policías se acercaron a impedirle su propósito. Aunque, luego de leer las leyendas de los carteles, los uniformados se solidarizaron con él admitiendo que no hay mucho que ellos puedan hacer y recomendándole que vaya a pegarlos frente a la legislatura.

carteles2.jpg


En los carteles se puede avistar reclamos a políticos, mensajes hacia la comunidad en general y, sobre todo, un pedido de implementación de mano dura.

El endurecimiento de penas y las modificaciones para el régimen de salida de los presos no va a resolver la inseguridad y elevado índice de delitos, según explican numerosos especialistas en la materia. Sin embargo, parece ser un reclamo de parte de la comunidad y no de un ciudadano aislado.
Ya se probó esa línea punitivista, en 2004 con la referida reforma Blumberg, y sólo se consiguió anarquizar la legislación penal sin un saldo favorable para la seguridad de los habitantes.

Atosigados por el show noticioso que muestran efectivos de la Policía portando nuevos equipos y armas, con fotos de uniformes con penachos para mimetizarse como si estuviéramos en guerra en una jungla, los argentinos sienten miedo. Miedo que podría terminar en un llamamiento a la justicia por mano propia si no se comienza a buscar una justicia restaurativa a través de mediaciones entre víctima y victimario y trabajos comunitarios, buscando así la reparación al daño que se hizo.

Sin ánimos de imponer una verdad y más allá del insondable y complejo debate ideológico sobre qué merece quienes cometen actos delictivos y que factores sociales lo explican, la realidad pareciera revelarnos que ir por el lado del endurecimiento del castigo no es lo más eficaz.

Las cárceles como las concebimos en Argentina, y en América Latina en general, no sólo no están solucionando problemas sino que tienden a fijar las conductas por las que llegan los presos y, muy lejos de corregirlas, potencian actitudes violentas.

El hacinamiento, la pésima condición edilicia de las instituciones y la violencia intracarcelaria que se vive provoca que si recibimos un problema, lo devolvamos peor. Por cierto, dejándose evidenciar, además, algo no menos importante: cómo el poder de represión termina por caer sobre los más vulnerables.

El foco sigue estando en solucionar y no en prevenir. No se discuten medidas institucionales nuevas que lo ataquen de raíz, tampoco se ponen sobre el tapete los verdaderos factores sociales del mismo ni, por supuesto, se habla del elemento cultural como herramienta de transformación social.