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Opinión

Si la calle es de todos, nos hagamos respetar

Luego de severas denuncias por parte de comerciantes del microcentro hacia un artista callejero, él salió a contestarle a los acusadores. La calle es un espacio público que todos tenemos derecho a usar.

Gentileza: Lorenzo Alderete.

Lorenzo Gerónimo Alderete es un músico no vidente que, como muchos otros artistas, convierte el microcentro en su propio escenario. Situado en Mendoza al 500, Lorenzo regocija con su música a los peatones que circulan por el microcentro tucumano.

Días atrás, los comerciantes de la zona habían elevado sus quejas ya que, según sus dichos, “están cansados de los molestos ruidos que hace el cantante con su parlante”. Además, argumentaron que las normas deben ser cumplidas por todos: si permiten que Lorenzo se instale con un parlante en la peatonal, los demás músicos deberían tener el mismo derecho que él.

 

Para la mayoría de los vecinos y comerciantes, los artistas a la gorra son un atractivo que le imprime color y alegría a la ciudad. Sin embargo, algunos se quejan cuando suena la música a volumen alto, a pesar de que la calle es un lugar público y todos gozan del derecho de usarla: circular, permanecer, hacer política, repartir panfletos o dar a conocer su arte.

La utilización del espacio público no está sometida a ninguna regla: nunca vamos a escuchar que se reserva el derecho de admisión. El espacio público está considerado como un lugar de libertad y, al mismo tiempo, de límites.

Al ser un lugar de todos, uno puede suponer que es un espacio que puede usarse con total libertad. ¿Eso significa que uno puede hacer lo que quiera en la calle? Por ser un espacio público, sus límites deben ser más rígidos que los del espacio privado, pero nadie puede impedir que los artistas callejeros desplieguen su talento frente a las narices de los transeúntes.

Luego de las quejas, acusaciones y de haber generado un sinfín de repercusiones, los comerciantes parecen haberse arrepentido de su accionar. Nuevamente, Lorenzo puede cantar en la peatonal sin susurros a sus espaldas, como cualquier tucumano que quiera hacerlo.