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Historia

Las chicas del Club Barrio Jardín son más que compañeras

El deporte las unió con el vóley y, a medida que pasan los años, las chicas disfrutan las horas de entrenamiento.

Hablar de deporte es hablar de un significado muy amplio. Además de ser reconocido en las páginas de los diarios, te da la posibilidad de cosechar buenas amistades y formar un vínculo con las personas que acompañan el sentido de pertenencia. Allí, las personas son felices y se olvidan de lo que es el mundo exterior.  

Las chicas de vóley del Club Barrio Jardín no son la excepción a la regla. Se iniciaron como un grupo de amigas que trajeron a otras de ellas a practicar algo de vóley en la cancha del complejo deportivo que Prensa, ubicado en calle Nougués al 200.

“Teníamos como entrenador a un amigo también, Marcelo Di Croce, quien tiene amplia experiencia en el deporte y, que como último antecedente, viene saliendo campeón regional consecutivamente con Fundarte desde hace una década”, cuenta la capitana del equipo, Celina Sánchez, quien está en el equipo desde hace tiempo.

En ese contexto, amplía: “Esto comenzó sólo como una rutina deportiva dentro de lo que es la vida diaria de madres, esposas, y trabajadoras que sólo tenían disponible el horario de la siesta. Algunas ni siquiera sabían jugar, así que fue una linda experiencia aprender y hacer algo de desgaste físico también”, completa Sánchez.

En cuanto al desarrollo del equipo, la capitana sostiene que con el paso del tiempo se fue mejorando y viendo que de ese grupo de mujeres se iba formando un equipo. En ese proceso, hubo deserciones e incorporaciones que fueron llenando esos vacíos.

En el año 2016, llegó la mudanza al Club Barrio Jardín donde los principales deportes que se practican son básquet y patín. Se sumó el vóley a este listado y las chicas comenzaron a competir en torneos promocionales de la Federación Tucumana de Vóley; teniendo una modesta actuación que sirvió de fogueo para comenzar a afinar motores.

En la actualidad al equipo lo dirige Ruth Romano, quien es jugadora profesional y profesora de educación física. “El grupo es muy heterogéneo. El 90 por ciento del equipo está arriba de los 40 (sólo tres están por debajo 30, 35 y 38 años). Todas son trabajadoras”, afirma la jugadora.

Tanto ella como sus compañeras se paran en la cancha y le hacen frente a equipos que tienen las mismas características que Barrio Jardín. Otras veces, a equipos de jóvenes que son más dinámicos pero ellas intentan hacer valer la experiencia.

Las chicas constantemente se motivan y hacen sus sacrificios para llegar al club. Hay algo recurrente y es el bienestar mental de tener la mente ocupada en algo que genera felicidad y las libera del estrés diario.

“En la cancha también somos gacelas que escapan de la vorágine de la selva diaria y nada nos atrapa. Después volvemos a casa, y tal vez con alguna anécdota para contar o tal vez con algún golpecito que mostrar al marido, para que este nos diga… ´eso por andar haciéndote la pendex’. Pero en realidad, estamos viviendo, compartiendo un espacio de identidad con otras compañeras y obviamente tenemos nuestro grupo de WhatsApp, en donde nunca falta el buenos días y el buenas noches. Como una familia. Y eso ya es bastante motivo para pertenecer, para ser un equipo”, concluye la capitana.