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Tucumán

Villa Amalia, un barrio que nació de la desgracia

Un tucumano fanático de relatos de terror cuenta cuál fue el origen de Villa Amalia, ubicada en el sur de la capital tucumana.

Captura web.

Jorge Soria tiene debilidad por el pasado de Tucumán y, más aún, por las terribles historias que se tejen alrededor de sus calles. Villa Amalia es un barrio que se encuentra al sur de San Miguel de Tucumán y el tucumano relata cómo fue su origen: “Jean Guillaume Bertrand Griet-Ducham nació en Francia en el año 1873 y llegó a nuestro país en 1888. Junto a sus hermanos, formó una sociedad dedicada a la explotaciòn agrícola y, por esa razón, decidió adquirir el Ingenio Amalia de Tucumán en el año 1905”.

Ya instalado en una casona cerca del ingenio, contrajo matrimonio con la francesa Juana Paris Aguerreberry, con quien tuvo seis hijos. “Eran miembros de la alta alcurnia y se relacionaban con los círculos sociales, políticos y de las finanzas, pero todo esa felicidad y prosperidad pareció desvanecerse abruptamente”, ahonda.

En la zona vivía Aurelio Viñas, quien arrendaba parte de las tierras de la familia a cambio de la provisión de verduras y especias. Ahí comenzó la decadencia de Villa Amalia. “Un día, Juana reprochó de mala manera el descuido del poco suministro de hortalizas”, relata Jorge y describe lo que pasó aluego del sermón: “Ofuscado con ira, arremetió nueve puñaladas contra Juana ante la mirada de las criadas, testigos aterrorizadas de aquel aberrante hecho”.

Ante tal situación, las empleadas comenzaron a gritar espantadas por lo que veían. “En ese momento, comenzó a sonar la sirena del ingenio anunciando el final del turno laboral. Queriendo aprovechar la gran cantidad de gente que terminaba su jornada de trabajo, Viñas decidió escapar pero fue atrapado casi de inmediato”, continúa Soria.

En su descargo, adució que lo hizo por sentirse víctima de un ultraje por parte de la señora. La noticia corrió como pólvora, sacudiendo a la pacífica sociedad tucumana: “El caso tiene como matiz algo más trágico aún y que Juana estaba embarazada de seis meses, por lo que se agravó el cuadro criminal”.

Con el tiempo, Guillermo Griet encontró consuelo en la hermana de Juana, con la que tuvo cuatro hijos más. La casona de Villa Amalia, testigo del sangriento hecho, guarda en sus rincones los oscuros testimonios de una vida truncada. Dice su actual propietario que, aún, el espíritu de Juana suele dejar verse en su jardín y caminando por la planta alta.