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Emprendimientos

Un proyecto tucumano donará sillas de rueda a niños con parálisis cerebral

Federico Aparicio, a través de su taller CREAP, se embarca en un proyecto social que busca ayudar a niños y familias que atraviesan una compleja enfermedad. La premisa es “Por cada silla comprada, se regalará otra a un paciente que lo necesite”.

Gentileza: Federico Aparicio

  

Agustín es un niño tucumano que padece parálisis cerebral (P.C.). A través de su mamá, Paola Martínez, y la colaboración de toda su familia llegaron al taller CREAP del barrio Lomas de Tafí para solicitar la construcción de una silla postural de uso doméstico.

Federico Aparicio, dueño del taller, vivó el pedido como un gran desafío a través del cual se adentró al complejo mundo de la enfermedad, los costos elevados de su tratamiento y los diseños adecuados de las sillas terapéuticas.

“Esta familia se comunicó conmigo por la necesidad de construir una silla postural casera debido a los altos costos que las profesionales tienen en el mercado. A raíz de esto, me puse a estudiar y entender qué función cumple la silla y cómo debía construirla, ya que no es un trabajo directamente relacionado con lo que se realiza en mi espacio”, explica el profesional. “Paola me pasó fotos de otros dispositivos realizados en madera, pero que no cumplían todas las funciones necesarias por su rigidez, así que tuvimos que armarla desde cero. Fue un gran aprendizaje”, agrega.

El encargo se convirtió en algo más que trabajo para Federico y surgió el deseo y la idea de un proyecto social para beneficiar a los chicos de bajos recursos que padecen P.C. La idea hoy toma forma y es simple: comercializar sillas de ruedas posturales a precio de costo, casi eliminando el lucro con la consigna “por cada silla comprada, una familia de bajos recursos tendrá otra, sin cargo”.

El proyecto recuerda a la famosa idea de la Cadena de Favores. Se retroalimenta constantemente por la buena voluntad de sus integrantes, multiplicándose de manera exponencial. “Se trata de un proyecto social que nació de mi investigación. Mantener el tratamiento y rehabilitación de un paciente con esta enfermedad requiere de mucha inversión económica. Una silla profesional ronda los $25 mil. Nosotros la venderemos a un %10 de ese valor, aproximadamente”, detalla Aparicio.

El proyecto ya está en marcha, nació de la inversión e iniciativa de una persona, pero espera contagiar a empresas o entes locales para ampliar su distribución a más niños tucumanos. Si querés conocer más sobre el emprendimiento, ingresá aquí.