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Leyendas

Leyendas urbanas: la casa embrujada más famosa de Tucumán

Una legendaria casa en San Miguel de Tucumán tiene fama de estar embrujada. Cuál es su historia.

Captura web.

Rumbo a Yerba Buena, más específicamente en la Avenida Mate de Luna al 4200, hay una casa por la que todos los tucumanos se preguntaron alguna vez: frente del Parque Guillermina, la casa que hoy está en ruinas y vandalizada pareciera ser que tiene un pasado perturbador.

El argumento para ratificar las extrañas apariciones que ocurren dentro de sus cuatro paredes es que nadie la habita desde hace mucho tiempo. Desde jóvenes infringiendo la ley, saltando las rejas para adentrarse en el interior de la misteriosa casa, hasta inquietantes personajes vestidos de negro: la popularidad alcanzada por esta propiedad quedó en el imaginario colectivo tucumano como una casa embrujada, a pesar de que nadie confirmó o refutó las actividades que acontecían en ella.

La casona en cuestión tiene, en realidad, una historia trágica según lo que se cuenta en el boca a boca: hasta principios de la década de 1990, funcionaba como una clínica para personas con severas afecciones y, al parecer, hubo un incendio en el que murió una de las internas. Según lo que se cuenta, era una chica de una reconocida familia de Las Termas de Río Hondo. Otra versión relata que existía un psiquiátrico y dos enfermeros abusaron de una interna hasta matarla. En un intento por ocultar el crimen, los violadores produjeron un incendio.

Así fue como se entretejieron diversos relatos sobre el origen de su maldición y posterior lugar de culto para los tucumanos apasionados por lo esotérico. Lo concreto es que muchos jóvenes se aventuraron a irrumpir en sus terrenos y no faltaron los que dejaron sellada su presencia con graffitis de fantasmas pintados en sus paredes.

Quizá por estar marcada por un halo de misterio que nadie está dispuesto a revelar, los tucumanos que manejan desde o hacia la Ciudad Jardín se voltean a mirarla seducidos por las historias que se cuentan de ella, mirando a sus grandes ventanales tapiados mientras especulan si está o no embrujada.