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Diálogo

El humor que esconde la realidad

Es uno de los humoristas más reconocidos de la provincia. Sus orígenes en la profesión y su opinión sobre el chiste. La óptica de Alberto Calliera.

Alberto repasa los inicios de su carrera / Foto Lucas Santeyana

Atardecía en Yerba Buena y el bar de la estación de servicio estaba casi desierto. En una de las pocas mesas ocupadas, Alberto Calliera tomaba un café con leche para comenzar a relatar su historia. Cursó la escuela primera en los salesianos y el secundario lo hizo en el Gymnasium para culminar sus estudios en el Colegio Nacional. “Después intenté estudiar Filosofía y Letras en la universidad pero dejé porque ya me había casado”, detalla.

Sus comienzos en la carrera

Al dejar la universidad, trabajó en la oficina del ferrocarril. A los dos años, cambió de trabajo para dedicarse a vender galletitas de una importante marca, allí estuvo durante siete años. Luego de esas dos experiencias, fue viajante ofreciendo productos para el hogar en todo el norte. “En mis ratos libres, escribía frases de humor. Siempre quise estudiarlo. Un amigo de la infancia vio lo que había hecho y lo publicó en una revista de Buenos Aires que se llamaba Magazine”, señala.

En la revista, se publicaron algunos chistes con su nombre. “Me entusiasmé con ese proyecto y un día sacaron un aviso pidiendo periodistas para un diario tucumano, me postulé argumentando que no era periodista, sino que me gustaba el humor y envié algunos chistes”, recuerda Alberto. El diario se llamaba La tarde y fue donde comenzaron a circular las primeras frases de humor de su autoría.

Luego, comenzó a trabajar en Canal 10 para dar inicio a su carrera en la televisión. “Al principio era durísimo porque había que conseguir sponsor y habían otros inconvenientes. Yo me bancaba mi micro y al canal no le costaba nada”, agrega. Tiempo después, trabajó en Canal 8 y estuvo allí diez años hasta que lo compró el grupo Telefe y volvió al 10. “Ya llevo 30 años haciendo televisión todos los días”, rememora.

Sus referentes de la profesión

“Empecé leyendo a un uruguayo que se llamaba Arthur García Núñez. Vivía en Buenos Aires y escribía libretos: humor ingenioso e inteligente. Me entusiasmé para averiguar y entender el fenómeno”, explica Alberto.  

En el plano nacional, sus referentes son Tato Bores, a quien conoció cuando vino a Tucumán, y Enrique Pinti cuando hace humor político. Sus referentes internacionales abarcan desde los hermanos Marx hasta Woody Allen. “Este fenómeno tiene un componente esencial: el humor es la seriedad oculta en la risa. Es una mezcla de ficción con realidad”, razona el humorista.

Su rol como abuelo

Alberto tiene cuatro hijos (tres de ellos están casados) y cinco nietos. “Estoy en otra etapa de mi vida, es espectacular: el abuelo se lleva bien con el nieto porque tiene un enemigo en común que es el padre”, lanza entre risas.

Relata que la relación con sus nietos es maravillosa porque ve en ellos gestos y actividades de su propia niñez. “Los ves crecer y ves eso que vos también tenías de chico. Te agarra en el momento más tierno de la vida”, asegura orgulloso.

Calliera sabe que un abuelo debe malcriar a sus nietos. “Para eso estamos: los hacemos jugar y les damos cariño, además de golosinas porque están descubriendo el mundo”, reflexiona.

Además, revela que logra abrirles los ojos mostrándoles las cosas que a él más le gustan. “Amo el jazz y los chicos de ahora escuchan a los cantantes que están de moda. Deseo darles otro pantallazo de la realidad, alejada de la computadora y el celular”, confiesa.

Utilizar el humor como arma crítica

El humorista afirma que contar chistes es otra forma de ver la realidad: “Tiene que servir para algo y yo lo uso para criticar. Es una editorial informal de lo que está pasando. Busca el defecto y el humorista se convierte en el fiscal risueño”.

Calliera argumenta que se debe mostrar la realidad desde otra perspectiva que no sea tan agresiva. “El humor tiene límites: no se jode con los desaparecidos, droga o abuso infantil”, apunta.

En este contexto, el humorista recuerda haber escuchado en la televisión a un colega que hablaba del caso del Padre Grassi, acusado de pedofilia. “Me acuerdo que dijeron que se comió un pancho con mayonesa. Eso no es un tema para tomarlo en joda. Hay muchos otros temas más importantes que le importan a la sociedad”, reflexiona.

En la realidad actual, hay decenas de temas que importan a la opinión pública y se pueden tomar en chiste sin tocar esos delicados tópicos. “Podés hacer un chiste sobre Lázaro Báez, José López, la crisis del aceite o el tarifazo pero hay que buscarle la vuelta porque es muy difícil”, concluye.

Terminando la charla, el protagonista pone su sello. Se arriesga a hacer un chiste con respecto a la suba de precios de los servicios públicos ante la risa de los presentes en el bar de la estación de servicio. “Produzca gas usted mismo: coma poroto, garbanzo y repollo. Eso sí, abstenerse a las consecuencias de la peste y tenga a mano un desodorante”.