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“Mi vida es el teatro”

Con su corazón y trabajo puesto en Tucumán, pero agradecido al viejo continente por haberlo cobijado, Alsina se divide entre estas dos tierras para hacer del teatro una disciplina sin fronteras.

El Teatro el Pulmón funciona en calle Córdoba 87 / Gentileza Corriere Al

Carlos Alsina nos recibe en la casa que alguna vez caía en ruinas y que hoy alberga a su legado más preciado: el teatro independiente El Pulmón. Desde 1990 que alterna sus actividades entre Europa y Argentina. De paso por la provincia para dictar seminarios y trabajar en sus obras, este actor, director y docente teatral, nacido en Tucumán pero que deja huellas en el mundo, nos hace pasear por su vida y reflexionar sobre temas actuales.

El hombre de la mancha

Alsina recuerda que hasta los trece años no frecuentaba los teatros, su vida era el deporte y practicaba básquet. Con esa corta edad y con el arribo de los años ’70, era común que los jóvenes se introdujeran en la política.

“No tenía contacto con el teatro hasta que fui a ver la obra musical El Hombre de la Mancha. Me conmovió tanto que todavía tengo la idea de seguir sentado allí y que todo lo demás es un sueño. Mis viajes, mis seminarios, mis direcciones, mis escrituras, todo está en otro plano y yo todavía sigo experimentando lo que vivían los personajes”, comenta.

Él siente que ese momento épico para su historia fue una revelación. En ese instante supo inmediatamente qué iba a hacer con su vida y agradece haber tenido esa fortuna, que no muchos poseen. En su querido colegio Gymnasiun de la UNT se anotó en la optativa de teatro y comenzó sin pausa su carrera en las tablas. Apenas egresó, lo invitaron a formar parte del teatro independiente.

“Mi vida es el teatro, esa mirada sobre los conflictos humanos que uno puede reproducir en el escenario”, recita con orgullo.

De alumna a esposa

En el año 1995, Carlos conoció a su mujer actual. El dictó un curso de teatro en Milán y ella se inscribió como alumna. Generaron una simpatía mutua y, a pesar de la distancia, siguieron escribiéndose por varios años.

En 2009 retornó a Europa para presentar la película Por las hendijas del viento (Pachamama, kusiya, kusiya) que se había terminado de rodar el año anterior. “Ella trabajaba como periodista y la llamé para invitarla. Ya habían pasado muchos años. Nos encontramos en una situación diferente de cuando nos conocimos y ambos estábamos solos. Así nació el amor”, expresa Carlos.

De esa manera, 15 años después de haberse mirado por primera vez en la sala de clases, pasaron de ser alumna y profesor, a marido y mujer.

Un salto al vacío

La época de la hiperinflación lo golpeó muy fuerte. Era el año 1989, Raúl Alfonsín, el entonces presidente, se iba y asumía Carlos Menem. No había modo de trabajar en la profesión artística, era una situación caótica y desesperante. Carlos decidió escribir una carta a Darío Fo, el Premio Nobel de literatura, con el que había logrado entablar una relación de amistad durante un viaje anterior a Berlín. Le comentó la situación y su intención de volver a Europa.

Patricia, su exmujer, tenía sus abuelos italianos y logró tramitar la ciudadanía. De este modo, partieron junto a su hijo Camilo a buscar nuevas oportunidades. “Cuando nos fuimos vendimos todo: el televisor, los juguetes de mi hijo, todo. Nos quedamos solamente con cuatro bolsos (que guardo dos como reliquia) y nos fuimos”, recuerda el artista.

A los seis meses logró conseguir empleo en la compañía de Darío Fo, a quien le agradece su gentileza. La familia se animó a una aventura arriesgada y sacrificada, que por suerte salió bien. “No nos podemos quejar de ese salto al vacío que pegamos. Esa época fue una oleada de inmigrantes argentinos que escaparon de la situación económica y se fueron a Europa tratando de conseguir alguna relación con sus antepasados y obtener permiso de residencia”, detalla Alsina.

El Teatro Alberdi por fin fue local

Por ese camino, dejó la escuela de Milán para hacerse cargo de la dirección del Teatro Alberdi entre marzo del 2000 y octubre del 2003, con la responsabilidad que implicaba la dura situación del país durante ese período. Fueron tiempos difíciles pero se lograron producir 17 obras propias del teatro, se dio prioridad a la actividad local, tenían tres salas funcionando con apertura de lunes a lunes. Pasaron por su escenario obras de todos los teatros independientes y se realizaron infinidad de programas con la intención de acercarse a los vecinos y que ellos sientan que el teatro les pertenecía.

“Fue un proyecto maravilloso pero que no ganó porque nuestra gran oposición fueron dirigentes universitarios, con intermediarios económicos, que traían espectáculos de Buenos Aires y necesitaban la pista libre. Como nosotros cedíamos tres fines de semana para lo local y uno para afuera, se generó una gran oposición interna”, revela Carlos. Más allá de las peripecias, el director refiere que esa experiencia le mostró que cuando se apoya, la actividad local genera recursos.

En 2010 le ofrecieron nuevamente un cargo en el teatro pero no aceptó. Le interesa mucho la política cultural pero piensa que la Universidad tiene un tope en cuanto a lo que puede ofrecer. “No se puede transformar desde adentro un sistema que se ha corrompido; donde el empleado es hijo o pariente de un dirigente no docente, que a su vez, tiene contactos políticos con los dirigentes universitarios, y así. Todas las instituciones del Estado están podridas”, lanza el tucumano.

Asegura que no se debe caer en la trampa actual de elegir un bando político como si fuese una disputa futbolera. “Si se pelean es por el botín y después se abrazan y roban juntos. Este país va a hacer una construcción a través de la crítica y de la independencia de estos partidos representados por gente que rapiñan el Estado. Cada caída son miles de vidas que se frustran o caen en la pobreza y son pocas las que se enriquecen”, asegura el director.

El Pulmón: su legado

Cuando fue la gran crisis en Argentina, Alsina pudo comprar una casa destruida invirtiendo todos los dólares que había logrado ahorrar en sus años fuera del país. Así nacía el Teatro el Pulmón. “En vez de sacar la plata afuera, mi laburo de 15 años en Italia lo invertí en hacer un teatrito en Tucumán”, confiesa. Carlos continúa con su fuerte crítica a las incoherencias del Gobierno y sentencia que no aceptará subsidio de ningún funcionario de la época genocida, refiriéndose al presidente del Ente Cultural.

“Con el tarifazo de gas y luz no sabemos qué haremos, es duro seguir aguantando tantos golpes. Los años pasan, tengo 57 y sigo produciendo acá. La única vez que me tomé vacaciones fueron de seis días, cuando me casé. No tengo vacaciones. El laburo del artista es independiente y se la vive día a día. Pero me hace inmensamente feliz”, concluye.