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Silvia Rojkés

“Llevo mi apellido con mucho orgullo”

En la política es legisladora provincial y exministra de Educación; en su casa, madre y esposa; en su profesión, educadora. Silvia Rojkés de Temkin nos abre sus puertas.

Autodenominada como exigente consigo misma Silvia resalta “Si empezás algo terminalo” / Captura web

“Comprometida, inquieta y perseverante”, así se define Silvia Rojkés. En su oficina de la Legislatura provincial, en la que se pueden ver muchos cuadros familiares y fotos de la expresidenta, Cristina Fernández, la exministra de Educación se dispone a abrirnos las puertas de su vida.

Su familia y su pasión por educar

Su familia está compuesta por su marido y dos hijos, una de 30 y uno de 25 años. “Hacemos un gran equilibrio”, afirma. Esto se debe a que con su esposo comparten el mismo proyecto y vienen juntos de la militancia.

“Una nunca deja de ser mamá, esposa, hermana, hija  y, en mi caso, profesora”, explica. “Esto nos lleva a estar en donde estamos”, agrega.  

La pedagogía fue el camino que eligió en su vida. Nos cuenta que desde chica se dedicó a la educación porque fue formada de manera muy fuerte en lo que tiene que ver con el tiempo libre. “Acá existían las Colonias Zumerland (tierra del verano), que en idish (idioma de las comunidades judías) es hablar de la organización del tiempo libre. Además, fundamos el Kinder Club, que eran actividades formativas todos los sábados. Uno hacía ahí tareas del tipo educativas”, explica sobre su pasión por educar.

La inquietud parece ser una constante en su vida. Cuando salió de la secundaria tenía las puertas abiertas para estudiar carreras de los más variadas. “No sabía si quería ser pedagoga, abogada o química pero me volqué por la pedagogía y la fonoaudiología”, relata agregando un nuevo dato sobre su otro título universitario.

Política y educación, ¿cómo se relacionan? “´Paulo Freire decía que la política es un acto pedagógico y que lo pedagógico es un hecho político. La educación no existe sin política”, resalta.

Detrás de la política

Lejos de las actividades políticas, Silvia en su casa es una mujer como cualquier otra. Arregla los placares (aunque aclara que no le gusta hacerlo), lee, hace gimnasia y tiene fascinación con las plantas. “Las plantas me matan, tengo muchísimas. A cada una las arreglo cuando puedo”, nos cuenta. Además, los fines de semana la cocina es suya. “Invento. Como no lo hago siempre me fijo en la heladera qué es lo que hay y salen cosas ricas”, cuenta entre risas. Además, es una lectora incansable: medios, informes económicos, novelas, historia y pedagogía son sus favoritos. “Siempre tengo tres o cuatro libros empezados y los voy leyendo”, completa.

Una mujer de armas tomar

Si bien considera que no tiene una posición feminista, explica que siempre actuó para que sean muchas más las mujeres que participen a todo nivel, y esa lucha comenzó hace ya varios años. “En el año ‘95 tenía un negocio. Cuando la crisis era muy grande y los negocios no vendíamos comenzamos Apyme, cuyo presidente es mi esposo. Entonces, empezamos con los apagones de las luces de comercios. Coincidía en juntarnos y mostrarle al Gobierno que estábamos mal. Tuve críticas y me llegaron a decir “La macumbera”. Eran cinco minutos de apagar las luces de las vidrieras. Muchos criticaban el hecho de que una mujer esté en el armado de algo así, eso hizo un clic en mi persona”, recuerda.

¿Su lugar en el mundo? Todos y ninguno. Como en todos los aspectos de su vida le gusta conocer y señala que le encantaría terminar sus días descubriendo nuevos lugares. Desde las montañas hasta el mar. “Siempre me propongo algo nuevo por conocer”, explica.

Momentos que dejan una marca en la vida

“Las cosas que me han marcado están muy vinculadas a mi familia, además de la trayectoria que también lo hace. Sin embargo, hay una frase que no puedo olvidar, de una Belén en una escuela que nos dijo ‘que nadie nos diga que no tenemos derecho a tener sueños’”.

Como lo dice, la trayectoria también la marcó. Es que pasó por muchos lugares: “He trabajado animando cumpleaños hasta que me casé. Pasé por el Consejo Directivo de una Facultad, fui la única mujer del Banco Credicoop cuando comenzó”, nos cuenta. Pero no todo lo bueno es sólo una marca y remata: “Hasta las traiciones marcan, pero uno no aprende”.

Sus padres, trabajo y orgullo

Su vida familiar es muy activa. Recuerda a sus padres, que llegaron muy chicos a la Argentina, y valora la educación que le dieron a pesar de que ambos no pudieron terminar la escuela secundaria.

“Fue gente de muchísimo trabajo que logró salir de la pobreza. Mi papá murió a los 98 años. Cuando yo iba a algún postgrado, volvía y me sentaba a charlarlo con él”, recuerda. Sobre su madre dice una frase que la pinta de cuerpo entero: “Era jefa de familia. Yo siempre le decía que si Freud viviera, hubiera sido discípulo suyo por su claridad frente a las cosas”.

Rojkés con la frente en alto

“Llevo mi apellido con mucho orgullo. Todo lo que hicimos los Rojkés lo hicimos bien o lo intentamos. Es mucho orgullo para los cuatro hermanos”, indica.

Silvia considera que quien interpela a las acciones de su familia es “mala gente” y cuenta que le duele mucho escuchar las críticas que no son constructivas. “Quienes intentaron desprestigiar al apellido Rojkés se quedaron en el intento”, cierra.

Conocimos así, sobre esta madre y educadora que supo sobreponer el esfuerzo por sobre las adversidades.