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Miguel habló de todo con el equipo del programa Club Tres de Febrero de Radio Fish

El polesía más famoso se confiesa

Es comediante y una de las grandes personalidades de la provincia. La vida íntima de Miguel Martín se pone al descubierto.
Miguel habló de todo con el equipo del programa Club Tres de Febrero de Radio Fish

En un mano a mano con los chicos del programa Club 3 de Febrero, que se emite por Radio Fish, Miguel Martín se confesó y se animó a contar quién es el hombre que está detrás de su personaje, el Oficial Gordillo.

Todas las mañanas, se levanta de mal humor, a pesar de que su profesión le requiere lo contrario. Miguel afirma tener el típico humor revuelto de todos los comediantes y confiesa que su mujer, Soraya Mafud, se lo recrimina todos los días. “Mi señora me dice que afuera soy pura risa pero en casa siempre tengo mala cara”. A tal reproche, le contesta que lo que hace afuera es por trabajo y hasta rechaza la invitación a reuniones familiares por ese problema. “No quiero ir porque tengo que estar en personaje: yo soy una persona callada, bien complicado”, afirma.

El escenario es el lugar del verdadero artista

Tener pasión por su trabajo es innato si se lo hace desde el alma. “Subirme al escenario conlleva olvidarme todo y enfocarme en mi público, que es la razón por la que hago esto”, asevera. Los nervios que posee antes de subir a escena se manifiestan en dolores de cabeza, estómago y hasta mareos pero eso cambia rotundamente al estar en frente de su gente dándole una dosis de humor. “Empiezo a hablar al público y me olvido de absolutamente todo. Cuando me bajo del escenario, los dolores vuelven a aparecer. El escenario en mi vida es como la meditación para el yoga”, se confiesa.

Miguel afirma que desde hace cinco años va a la terapeuta una vez a la semana: “Comencé a analizarme por el exceso de trabajo en el 2011. Hacía tele, radio y a la noche presentaciones en boliches y fiestas”. Al dedicarle más horas al trabajo, comenzó con problemas de agitación, palpitaciones y fuertes dolores de cabeza. “La psicóloga me dijo que sufría de estrés. No podía dormir durante la noche ni a la siesta. Descansar no es sólo dormir, sino relajar la mente y yo no lo hacía”, asevera.

A partir de ese año, se concentró en darle mayor importancia a un sólo trabajo y se inclinó por dedicarse de lleno al humor pero confiesa que en algún momento tiene pensado volver a hacer radio: “Esa vida es muy dura pero sé que lo voy a volver a hacer cuando me canse de viajar. Además, me gusta, es otra forma de trabajar”.

Una dura vida en la gran ciudad

Durante el periodo de un año, Miguel vivió en Buenos Aires. Se fue de Tucumán en agosto del 2007 y regresó a la provincia en agosto del año siguiente. “La estaba pasando mal porque fui a probar suerte con mi faceta de humor y no fue me tan bien”, admite. De sus trabajos más recordados en su faceta como artista, se destacan dos publicidades: “Fue horrible esa experiencia porque te pagaban dos mangos y el vuelto”.

Admite que Buenos Aires es para ir de vacaciones sólo si tenés plata pero para vivir no lo recomienda a nadie porque la vida en la ciudad de la furia es muy dura. “Me cagaba de hambre, robaba galletas de mi laburo y después me agarró una indigestión estomacal impresionante por la cantidad de galletas que comía porque no tenía ni para ir al súper”, admite ahora entre medio de risas.

Pero no sólo se llevaba las galletitas de la empresa informática en donde trabajaba, en Callao esquina Corrientes, sino también el jabón, toallas y hasta papel higiénico para llevar a la pensión en donde vivía, propiedad de un colombiano. “Robaba porque no llegaba a fin de mes, además, tenía que pagar una hipoteca de acá y me quedaba con lo justo para el alquiler y medio mes de comida”, confirma.

La familia, un pilar más que importante

El alma gemela de Miguel se llama Soraya Mafud y se conocen desde que eran chicos. “Su mamá iba a Famaillá todos los domingos con su familia y la veía pasar. La conozco desde los 14 años y la vi hasta que terminó la secundaria”. 16 años después, cuando él tenía 30 y ella 29, la vida los encontró de nuevo: “Ambos estábamos solteros así que decidimos unir nuestras vidas y casarnos. Somos felices y de vez en cuando comemos pollo, no perdices”, afirma con una risa inquietante.

Con Soraya tuvo dos hijos: Juan Pablo y Lucía: “Son la razón de mi vida y la luz de mis ojos, los amo como nunca amé a nadie”, se sincera. Miguel tiene una familia que va a cuidar con garras y dientes porque es lo mejor que le pasó en la vida. Si le dan a elegir entre el humor y la familia, sin dudas elige a su mujer y sus hijos porque el amor es más fuerte que el trabajo, el dinero y la pasión por los escenarios.

Franco Lorenzetti
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(1) Comentarios
2016-04-05 20:37:03

Julio Chango GonzalezUn gran abrazo Miguel de un Tucumano que vino de pibe a vivir en la gran ciudad no fue ni es facil pero a Dios gracias con mi esposa pudimos lograr una familia y es nuestro tesoro. Me alegra mucho tu exito y ojala sigan por mucho tiempo cuando vengas a Bs. As. te invitamos a visitarnos en nuestro hogar gran abrazo Tucu Tucu