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Despacho

“Salgo con mi esposa y llevo la radio policial”

Cuidar la seguridad de toda una provincia no debe ser tarea fácil y más si se es la cara visible de esa actividad. Conozcamos a Paul Hofer, uno de los encargados de resguardar tranquilidad a Tucumán.

“No me acobardo frente a situaciones de presión sino que me armo mucho más” señala recordando los saqueos de 2013 / Foto Facundo Fadda

Su oficina en el primer piso de la Casa de Gobierno es el lugar en el que pasa la mayor parte de sus días. Paul Hofer no descansa y no es para menos, en él recae el peso de una de las Secretarías con mayor movimiento, la de Seguridad. Es esposo, padre y aunque él no se defina de esa manera, político. Su despacho podría ser tranquilamente el de Gran Hermano: el monitor de su computadora muestra la pantalla dividida en cuatro partes con las cámaras de diferentes puntos de la ciudad. Un hombre que vive para su trabajo “por compromiso con Tucumán”.

Su llegada al Gobierno, una casualidad

Apenas inicia su relato sobre cómo llegó a ser funcionario, aclara: “No me defino como político, me defino como un técnico. He venido a parar a la política de una forma muy rara”.  Esta salvedad se debe a que él no tiene pasado político ni estaba en sus planes serlo, sino que el destino definió que termine en ese lugar. “Cuando volví de vivir afuera acerqué propuestas para el Ministerio, tenía bastantes ideas pero había quedado todo ahí”, relata. Las iniciativas de Paul con respecto a la seguridad no habían sido en vano ya que años después, cuando el Ministerio quedó a cargo de Jorge Gassenbauer y buscaban al secretario de la cartera, su nombre fue el que resonó. “Dio la casualidad de que muchas personas sugirieron mi nombre para el puesto”, explica. A partir de allí comenzó un arduo trabajo del que dice sentirse orgulloso pero que rescata “faltan cosas por hacer”.

Familia y seguridad van de la mano

Cada día en su casa lo espera su familia: su mujer, que es española, y sus tres hijos, mellizos de dos años y una nena un año menor. La describe como “una familia normal, sin mayores sobresaltos que los títulos de tener tres hijos”.

Pero ¿cómo convive un trabajo de seis días a la semana con las tareas de padre? Claramente la distribución de tiempos es clave. “Es una función que demanda mucho tiempo. En esta área trabajamos muchas horas, mañana y tarde”, explica. Y no todo queda ahí, cada 30 o 40 días, él se encarga de subirse a un móvil y controlar el trabajo en las calles, lo que muestra a un hombre con un fuerte compromiso por su trabajo.

España fue su casa durante algunos años, cuando se fue en 2003 a estudiar al país europeo, pero Tucumán lo llamó y volvió. Según comenta, tiene un compromiso con la provincia y una fuerte convicción de lo que hace por ella. “Yo he apostado por vivir en Tucumán, quiero que esté bien y que no haya conflictos como en otras ciudades”, señala.  

Detrás de la política

Paul, que además es abogado y se desempeña como docente universitario teniendo a cargo dos cátedras, destaca que se capacitó toda su vida para realizar la labor que hoy le toca cumplir. Cuando muchos piensan que todos en el sector político tienen ansias de escalar a cargos mayores, él es la excepción. “No tengo aspiraciones políticas”, destaca, cortando así cualquier posibilidad de ocupar puestos de mayor jerarquía en el Gobierno provincial.

En toda la charla es evidente que no puede despegar el trabajo de su vida, se muestra seguro de lo realizado en su gestión y cuenta que vive como un ciudadano común, en Barrio Sur y sin custodia. “Me gustaría que me recuerden por haber marcado una línea de trabajo seria, honesta y transparente”, revela y agrega: “Vivo muy tranquilo conmigo mismo, no me traiciono jamás ni a mis ideas”.

Cuenta, además, que trabajó como camarero y que inclusive pasó hambre viviendo solo fuera del país.

Un momento difícil que trascendió lo laboral

Los saqueos en 2013 marcaron la historia de los tucumanos y significaron un antes y un después en la relación triangular de la Policía, el Gobierno y los ciudadanos. Hofer fue testigo y uno de los actores principales en aquel hecho, ya que debió negociar con los policías que se mantenían acuartelados, a pesar de que él manifiesta que no eran agentes sino “individuos con ropa azul que no cumplían su verdadero trabajo”. El miedo se apoderó de la provincia y ni él ni su familia estuvieron ajenos. “Fueron momentos muy difíciles, la pasamos muy mal. No había racionalidad en la acciones de esta gente. Nos amenazaron, llegaron a hacerlo con mi familia en mi casa”, cuenta y destaca que se trató de un hecho frustrante y triste porque fue mucho trabajo y esfuerzo tirado por la borda. Igualmente rescata que en ningún momento bajó la cabeza: “A mí esas cosas no me tiran, sino que me fortalecen”.

El trabajo es gran parte de la vida de Paul Hofer. Si bien destaca que tiene la mente limpia por el su desempeño que viene haciendo, manifiesta que nunca duerme tranquilo porque se la pasa pensando en cómo seguir. “Salgo con mi esposa y voy con la radio policial encendida. Estoy hasta en el mínimo detalle, inclusive chequeo el color de la pintura de los vehículos y el ploteo”, cuenta entre risas.

Ser padre y secretario de Seguridad conlleva la responsabilidad de pensar en que su trabajo afectará para bien o mal la vida de sus hijos en el futuro. Sin embargo, explica que trabajará hasta conseguir los cambios estructurales para guiar la realidad de la seguridad tucumana y seguir eligiendo Tucumán como la casa de sus hijos.

Como es de imaginar, el trabajo lo llama y la entrevista debe finalizar, allí queda revisando las cámaras de seguridad desde su escritorio desbordado de papeles y listo para un día más al servicio de la comunidad.